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“…Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte.
Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno
Me receto tiempo, abstinencia, soledad»
Jaime Sabines

De nada ha servido intentar leer a muchos autores, ni siquiera el del libro que me regalaste. No porque el acto de leer en sí mismo no traiga consigo inagotables respuestas, sino porque en este estado, hasta la lectura tiene poco atractivo. Cada una de las palabras que leo parece una lección salvadora que llega a destiempo.

Personalmente nunca he tratado algunos temas en mis escritos, por ejemplo la pérdida de mi hermana o el nacimiento de mi sobrino. Hablar de la muerte y de la vida no debería ser tan difícil, tampoco del amor, pero aceptar lo que se escribe cuando nace de un sentimiento real es una catarsis para la que algunos no estamos preparados. El dolor de manchar una hoja en blanco con referencias a situaciones personales dolorosas y cargar un texto de tanta pérdida, desilusión, olvido,  soledad o tristeza, a algunos nos parece abrumadoramente indeseable.

Lamentablemente, en este punto, el solo escribir se ha vuelto imposible. Todo parece inabordable. Hay ciertas emociones atravesadas, inicialmente solo entre el pecho y la garganta, pero poco a poco han creado una masa pesada que aumenta día a día. Desde allí me han contaminado hasta una parte de los pensamientos donde, si no salen, dudo mucho dejen espacio para algún otro tema, sentimiento o recuerdo.

“Espero curarme de ti en unos días…”

Ya pasó más de un año de aquél otro suceso del que tampoco nunca he escrito y del que poco puedo hablar. Ese día completo se ha quedado en esta ciudad para recordarte; tú lo olvidaste junto a una toalla verde que permanece limpia en el mismo sitio; una camisa gris; un par de zapatos que recorrieron Latinoamérica; 5 fotos impresas en un sobre blanco; 2 libros, uno en tu idioma, otro en el mío; una nota escrita a lápiz que ya casi no se lee, pero que recito de memoria, y a mi,  me dejaste a mí sin palabras.

Ya pasó más de un año desde que te fuiste. Hasta hoy intento escribirte y a manera de carta, así era como antes los amores a distancia no parecían imposibles; las palabras atravesaban grandes extensiones de tierra, de agua o ambas, pero llegaban a su destino para reunir a dos amantes en una hoja maltratada.

En todo este proceso de despedida alguien me dijo que la mejor forma de avanzar era empezando desde cero ¡Difícil! Me afirmaron, ¡IMPOSIBLE! Pensé.

“Empezar desde cero” sería verosímil para alguien sin un pasado o historia, partir de la nada no es el inicio sensato cuando ya llevas un camino recorrido.

Decidí entonces, empezar desde ti.

Primero aceptando que donde estoy, es exactamente donde me has dejado. Mi imposibilidad en este tiempo de afrontar tu pérdida me ha llevado a no vivirla. Los duelos son un proceso que puestos en pausa en cualquier momento, por el más mínimo detonante, se reproducen de nuevo y con mayor intensidad.

Me dejaste en un terminal de autobús, me soltaste la mano cuando más fuerte la sostuve y sé que no era tu intención. Nuestro amor llegó deseando ser efímero para convertirse, sin saberlo, en sentimiento eterno, lamentablemente solo para una de las partes. No hubo un beso de despedida, fueron muchos, pero entre lágrimas prometieron no ser los últimos.

El bus partió y nunca antes había odiado tanto al destino, a una fecha, al lugar donde vivía, lo que era y todo lo que me ataba y me impedía seguirte. Nos separamos con los sentimientos intactos y con promesas de reencuentro. Ese amor que no acabaría con ese adiós fue mi fuerza para salir de ese terminal y no morir de tristeza en los días siguientes.

Pocos meses después, mi temor se hizo realidad y con un pequeño mensaje escrito, también a manera de carta, se acabó la ilusión. Todo se terminó. Desde ese día hasta hoy decidiste rebajar lo nuestro a un “amor de pasión”, a un “amor de verano”. Me repites y te repites a ti mismo que el “amor de verdad” es diferente, un “amor calmo” más real.

Decidí entonces iniciar la búsqueda de ese “tipo de amor” al que acudes cada vez que menciono mis sentimientos hacia ti. Decidí buscar en libros, frases, películas e historias ajenas una pista que me llevara a entender cuál era esa diferencia abismal entre: por lo que vale la pena luchar y por lo que vale la pena rendirse.

Poco a poco entendí a lo que te refieres. Encontrar a “un amor calmo”, muy diferente al amor de pasión, significa encontrar a  alguien y escogerlo con la cabeza. Decidir tener una relación partiendo de un sentimiento que nace desde la razón. Alguien que no decida estar contigo, sino que le resulte cómodo hacerlo. Alguien que probablemente no te dejará porque es muy fácil estar a tu lado.

En tu caso, puedes conseguirte a una mujer más sensata en tu país. Un amor calmo que tenga tus mismas costumbres y que escuche tu música para que no te haga descubrir que te gusta el vallenato, que te conmueve una bachata y que quisieras aprender a bailar salsa. Alguien que utilice palabras comprensibles y las tuyas sean fácilmente descifrables para ella. Alguien que no se sorprenda con tu acento o con tus declaraciones de amor sin traducción literal a su idioma. Quizás no se entiendan en la cama, pero eso no importa porque el “amor calmo” no necesita de buen sexo, solo de un buen razonamiento.

Encontrar a “un amor de pasión”, es muy diferente al amor calmo, significa encontrar a  alguien y no tener la oportunidad de elegir ni pensar con la cabeza, no tienes más opción que consumirte en el otro. No necesitas ni siquiera saber su nombre, pero después del primer ¡hola! responden ambos sin más preámbulos con un beso, y sabes que nunca olvidarás ese nombre. Recuerdas exactamente el color de sus ojos y cuánto pesaba su mano. No entiendes cómo sonríes cada vez que lo recuerdas… pero ¿lo recuerdas? Encontrar un amor de pasión es desafiante y por lo tanto te pone ansioso, no puedes esperar a verle y es imposible sentir como la vida pierde sentido cuando esa persona no está cerca y como cobra luz cuando aparece en tu puerta (sea la de un hostal, la de tu casa o en la pantalla de un computador). Y se les va la vida en encontrarse.

Tu peor temor era perdernos al vivir ese amor calmo, cuando ambos tuviéramos una vida juntos. Hace poco te escribí que yo no podía rendirme a este sentimiento y eso es porque para mí, solo hay una clase de amor real y no es otro que el nuestro. Pero esa clase de amor tiene un solo fin y es cuando se le abandona. Si uno de los dos se rinde, hace más largo el camino, pero si los dos nos rendimos lo recorrido hasta ahora no tendrá ningún sentido. Te escribí que iría a ti, así no lo quieras, así te parezca en vano. No con la ilusión de ser ese amor calmo que buscas, sino nunca dejar de ser ese amor de pasión que necesitas.

Puede que mañana conozcas a otra persona. Yo solo espero que si vas a olvidar lo nuestro y decides de verdad acabar con la posibilidad de vivir toda tu vida como si fuera verano, lo hagas por otro amor como el nuestro. Que no escojas olvidarme, si no que sea inevitable.

“…Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio.»
Rayuela – Julio Cortázar.