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Sobre la adopción homoparental

Hoy en día, las redes sociales se convirtieron en el termómetro de las discusiones. Basta con revisar nuestro time line para observar como un solo tema se adueña de nuestros perfiles y los de nuestros amigos, mientras que el siguiente debate de moda calla la lucha anterior sin ser esta ni si quiera resuelta. La diversidad de opiniones personales, artículos, investigaciones, vídeos y demás inundan nuestra vida virtual. Analizar estas publicaciones nos puede dar una idea de cómo pensamos, actuamos y hasta cómo nos movilizamos ante ciertos tabúes.

¡DIVERSIDAD, TABÚ! llegan estas palabras a este blog al igual que el tema convertido en viral en noticieros, cafeterías, Facebook, twitter, varios sermones de algunas iglesias, la corte, etc…

Ya la discusión no se centra en que si es aceptado o no, si se pega, si se aprende, si es rico o maluco, si es grotesco o escatológico. Por primera vez en mucho tiempo la pelea no es si los Homosexuales existen, la condición al parecer ya es reconocida, pero reconocida como seres indeseables a quién por cualquier medio y con cualquier argumento se le debe evitar poder contagiar a otros de tan «aberrante enfermedad».

Esto se ha convertido en una lucha, nosotros contra ustedes. Sí, nosotros, soy una mujer de 23 años que según sus etiquetas podría estar clasificada entre los: Normal /heterosexuales. Pero hablo de nosotros porque no creo que los homosexuales sean minoría o  la diferencia, me pongo de su lado porque me enerva que me pregunten si es que me gustan  las mujeres porque no uso «aretes» ni collares ni pulseras, si me acuesto con uno o con todos, si soy feminista por qué entonces uso tacones y tengo novio. Me enloquecen sus prejuicios y sus etiquetas. En mi cabeza no hay espacio para tener a cada ser en un cajón clasificado… Y si tuviera, los dividiría en 2:

Cajón 1: Prejuiciosos de doble moral.

Cajón 2: Gente.

Si a usted querido amigo o amiga le gustan las hamburguesas o disfruta de un buen bistec , se reúne con sus amigos alrededor de un asador a comer toda la carne que con cerveza le quepa o prefiere las ensaladas porque le parece indignante tener en su plato a un animal; o si usted desde su punto de vista piensa que no hay Dios o está completamente seguro que todo lo que ha pasado, pasa y pasará está únicamente en los designios de un ser supremo; o, si usted prefiere a las pelirrojas, a las morenas, a las monas o a los monos, a los morenos o a los pelirrojos… ¡NI A  MÍ NI A NADIE LE TIENE QUE PEDIR: NI PERDÓN NI PERMISO!

El tema tratado en estos días es la preocupación de una parte de la sociedad, no una gran parte aclaro, ¡Solo un sector! Y su desesperación  nacida por el afán de defender a toda costa los derechos de los niños que hoy por hoy inundan orfanatos, fundaciones, casa hogares y demás. Niños que vinieron a este mundo en familias (normal/heterosexuales) deshechas, hijos de víctimas de abuso, niños regalados, abandonados, vendidos, pero menos mal y gracias a este mismo sector de la sociedad JAMÁS abortados.

Pero ¿cómo procurar que los derechos de estos indefensos no sigan siendo violados? La respuesta ha sido sencilla, negarles la oportunidad de hacer parte de una familia ¿Y el argumento? El derecho natural, divino, religioso de tener hijos es exclusivo para un hombre bien macho y una mujer bien juiciosa y alentada.

Es entonces así como el concepto de “familia” es reducido por unos cuántos a: Madre, Padre e hijos. Y… qué pasa con las madres solteras, o con las mujeres que a libre elección decidieron quedar en embarazo por medio de la inseminación artificial porque saben que no necesitan de un hombre al lado para cumplir su sueño de ser madres, qué pasa con dos hombres o dos mujeres que se aman, deciden y planifican (cosa que rara vez pasa en una pareja heterosexual) tener hijos y darle un hogar a un niño que no lo tiene y que el deber del ESTADO sería buscarle uno. Este tipo de familias ya existen, son normales, están en nuestra sociedad, son sus vecinos, son sus hermanos, son sus sobrinos o sus hijos, a quiénes hoy usted por medio de un Meme, un Estado o una sentencia está condenando a no poder ejercer el rol de ser madre o padre.

Nadie está pidiendo perdón por ser, ni mucho menos permiso para poder ser.

Las luchas de las minorías históricamente no han sido sencillas y nunca lo serán. Poco a poco se ganan espacios y de repente los negros, las mujeres, los homosexuales o los indígenas ya no parecen ser tan poquitos, ni tan ignorantes, ni tan sumisos; su voz se empieza a alzar y dejan de “pedir permiso” «¿señor estado puede usted respetar mis derechos?», «¿Doña sociedad, le parece bien si respeta mis libertades?» Y comienza a vivir y a exigir.

Afortunadamente para muchas parejas heterosexuales que hoy en día sí pueden adoptar, sus ideologías retrogradas no afectarán en nada el normal crecimiento de muchos niños, la homofobia como la homosexualidad no se pega. La lucha seguirá y muchos de sus hijos se unirán a esta causa y serán bienvenidos, respetados y acompañados.