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Si usted tiene uno de esos días en los que un nudo se le hace en la garganta, donde ni el más resplandeciente sol logra dejarle ver la claridad del día. Si está sintiendo cuán pesada es la carga sobre su espalda y los pensamientos de una vida mejor vienen y van en divagaciones constantes que le impiden concentrarse en sus tareas cotidianas. Si la rutina lo tiene inmerso en el deseo constante de hacer que todo cambie o que algo llegue y lo conmueva,  pues aquí se le darán pequeñas claves para completar el proceso, para desahogar su alma, le presento un ligero instructivo para llorar.

No hace falta que le dé importancia al día o a la hora; si llueve el ambiente será aun más propicio, pero si hace un buen clima esto no le impedirá aliviar sus penas.  El lugar depende de que tan público desee hacer su sufrimiento, por mi parte prefiero escoger un sitio callado, donde el eco de los recuerdos pueda invadir más fácilmente los rincones de un alma y una habitación solitaria.

Puede estar sentado o de pie, la posición como en muchas otras actividades íntimas pueden hacer variar sensaciones físicas, más nunca los sentimientos.

Comience pensando en la pena que más le aflige, esto no será difícil, ya leyendo este texto se le habrán venido algunas imágenes a la cabeza de aquello que lo acongoja. Si no recuerda por el momento un motivo para sufrir intente probar con los siguientes, que a mí me funcionan de maravilla: puede, por ejemplo, recordar aquel amor que en principio le arrebató suspiros para luego convertirlos en los estertores de un corazón roto; puede pensar, también, en los brazos de una familia que a la distancia aguarda por usted para brindarle una caricia, un apoyo o una palabra de aliento que harían innecesario este instructivo; quizás le sirva recordar ese lazo de confianza que creyó indestructible para después verlo hecho pedazos en los escombros de una amistad rota; recuerde a ese ser querido, al que con tanto dolor tuvo que despedir y ahora su nombre solo lo pronuncian sus labios para hablar de él o ella en tiempo pasado; puede pensar también a un nivel general y dependiendo de su grado de solidaridad conmoverse con las penas ajenas, en aquellos que sufren más que usted y que día a día sin necesidad de seguir estos pasos no poseen en su vida más que sus lágrimas o, por el contrario, ya han sufrido tantos golpes que ni éstas brotan fácilmente de sus ojos ya entrenados para aguantar el sufrimiento.

Allí donde se halle en la espera de lo inevitable: calle, cierre los ojos, contenga la respiración, déjese llevar por aquellos pensamientos, por los recuerdos, no busque consuelo en sí mismo, el objetivo está marcado y no se requieren distracciones positivistas, escuche como su corazón se acelera y poco a poco una presión oprime su pecho, asciende hasta juntarse con el nudo en su garganta, continúa su camino hasta llegar a sus ojos y allí se convierte en sentimiento y brota en forma de lágrimas, déjelas fluir, no les tema, una tras otra limpiarán su alma, no intente retenerlas, ellas cesarán solas no cuando sus angustias sean resueltas, pero sí cuando su peso sea más llevadero, por lo menos hasta que poco a poco se vuelvan a acumular en su corazón y deseen repetir el proceso.

Llore de vez en cuando.