Seleccionar página

Año: 2013; Ciudad: Bogotá; Lugar: El Parque Nacional; Hora: 5 de la tarde;  La excusa: Patines de dos ejes, casco, una pista, un equipo y el deporte de moda, del que la mayoría habla, pero pocos entienden.

Natalia es la capitana de Bone Breakers (Las rompe huesos). En la cancha es “Ratalia», de delgada pero imponente figura. Acertada en cada comentario, acompañado de esas pupilas dilatadas llamadas «brillo en los ojos», esa chispa que sale del alma cada vez que se habla de lo que se ama y escapa en una mirada contagiadora de un sentimiento, en este caso de orgullo. Ella es la guía de este equipo y del inicio de nuestra experiencia con el Roller Derby.

Después de una breve charla de introducción, inicia el entrenamiento y con él las respuestas a nuestras inquietudes sobre este «movimiento» del cuál, hasta ese día, solo conocíamos los mitos, «las etiquetas», todo lo erróneo o exagerado que puedes encontrar al googlear las palabras Roller Derby: El estilo pin up que supuestamente identifica a TODAS estas deportistas, los tatuajes, la rudeza, los puños, la violencia, el feminismo extremo  y una que otra referencia a la cultura punk. Miré con atención a cada una de ellas y vi menos pelos verdes, medias de malla y taches de lo que esperaba.

Este deporte, inicialmente femenino, nace en 1992 en EEUU; a Colombia llegó hace aproximadamente tres años. Durante el entrenamiento, los movimientos cada vez se hacen más rápidos y en éste agitado proceso, Daniela, una de las jóvenes deportistas cae al suelo entre gritos de dolor, rápidamente (o más bien, lo más rápido que se pudo teniendo en cuenta que la ambulancia NUNCA llegó) la llevan a un puesto de salud. El diganóstico: Un hombro dislocado.

El deporte esta lleno de escenarios inciertos, un error puede llevar a cualquier deportista a sufrir de una lesión. El Roller Derby no es la excepción, sus practicantes son conscientes del riesgo que se corre al hacer parte de un deporte de contacto, pero estos incidentes no son tan comunes como cualquiera creería, por el contrario el profesionalismo de las jugadoras se demuestra a la hora de enfrentarse y seguir las normas para que nadie salga lastimado, lamentablemente en este entrenamiento hubo más dolor del esperado.


Este incidente nos ha dejado tan paralizados que por respeto hacia ellas, decidimos marcharnos. Al hablar con Natalia nuevamente para despedirnos y agradecer por su valioso tiempo, nos cuenta otra parte de la historia:


La realidad de las «Bone Brakers» y muchos de los otros equipos es la lucha por fuera de la pista para continuar con sus entrenamientos. Lo que impulsa a estos patines a no dejar de resonar en las pistas del Roller es el amor por este deporte, ya que el apoyo es mínimo por no decir NULO. No cuentan con el suficiente material de trabajo propio como: conos, lazos, cascos, entre otros. Sus recursos son fabricados por las jugadoras; el patrocinio para un deporte urbano tiene una mínima respuesta por parte de TODOS los sectores.


Por otro lado, está la inseguridad a la que en cada entrenamiento son expuestas por la falta de respaldo de las autoridades. El Parque Nacional, a altas horas de la noche, se convierte en un lugar completamente diferente al que aparenta ser a la luz del día. “Esto no demora en llenarse de proxenetas y drogadictos, es mejor que se vayan ya”, fueron las palabras textuales de la capitana al ver la hora.


El recuerdo de Rosa Elvira Cely regresa, estas mujeres representantes de la fuerza y la independencia, entrenan donde ocurrió uno de los feminicidios más atroces y recordados de nuestro país, sin apoyo, sin seguridad y sin el reconocimiento que merecen.


Las «Combativas Revoltosas» es otro de los equipos Bogotanos, ellas son hijas de las Bone Breakers, pues Ratalia por ser una de las pioneras en nuestro país ha servido de gran apoyo para los nuevos grupos. Yenifer o “Yenifa“ como es conocida en las canchas es una estudiante de la universidad pedagógica, allí este deporte también tiene su espacio.




No necesitaron del apoyo de su universidad, inicialmente ellas mismas delinearon su cancha y como la mayoría de las jugadoras, se hicieron a sus implementos siguiendo un impulso, el llamado del Roller.

Cuando se aprecia por primera vez, es un deporte complicado de entender. Un óvalo delineado en la pista es el limite de espacio en el que deben moverse las jugadoras; se enfrentan dos equipos, cada uno de ellos con una anotadora identificada por el forro de estrellas que cubre su casco; el resto del equipo se encarga de bloquear al otro sacando a cada una de sus contrincantes del óvalo marcado.

Esta competencia es arbitrada; jóvenes hombres se paran en el centro para observar que no hayan conductas antideportivas; a diferencia de otros deportes en el Roller Dervy el juez hace parte de uno de los equipos.

Cada vez hay más interesadas por esta práctica deportiva. En un país donde el fútbol recibe toda la atención es refrescante conocer a quién también se preocupe por traer propuestas novedosas para las nuevas generaciones, lo que falta es que muchos sectores empezando por el estatal le apunten a estas nuevas prácticas.

El Roller Derby no es una moda, no es una subcultura, no pretende crear nuevos estereotipos y sus jugadoras no desean ser etiquetadas como “las tatuadas“, “las agresivas“ o “las punk“; cualquier mujer, y hombre también, que quiera hacer parte de este deporte será bienvenido, siempre y cuando tenga claro que está entrando a una disciplina seria, que requiere disposición, entrenamiento y pasión. Como cualquier deporte lo que requiere es compromiso, no un estilo de vestir, de ser o de pensar.