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La generación de los 90’s  será recordada, entre otras cosas, por: el reggaetón, One Direction, Justin Bieber, Harlem Shake, Gangnam Style, Colibritany, Wendy Sulca, etc… ¡Magníficos referentes históricos y culturales de nuestra época! (no estoy diciendo que sean los únicos) que seguramente mostraremos orgullosos a nuestros hijos pero de lo que, definitivamente, no deberíamos estar siendo responsables es de la deformación de nuestro idioma.

Hay que hacer un alto en el camino y pensar ¿queremos pasar a la posteridad como: los 90’s  la generación del ‘ola ke ase’?

En las redes sociales se hace común la interacción entre los usuarios violando todas las reglas ortográficas; estados escritos en minúscula y mayúscula intercalada:   HoLaAa (cuestión de estética, dirán algunos); variaciones en el uso de consonantes cambiando, por ejemplo, la s por la z: “Azi” (más estético aún); el qué por la k: “k mas” (para ahorrar espacio); y el más común, la aparente imposibilidad de diferenciar: hay, ahí y ¡ay! y lo que equivocadamente consideramos menos importante: la omisión de tildes puntos y comas (porque lo que importa es el contenido, así no se entienda).

La independencia que tienen los usuarios para escribir lo que quieren y como lo quieren en las redes sociales, las convierten en el lugar menos propicio para aprender sobre redacción y ortografía, cada vez se oyen más excusas sobre cómo los limitantes de espacio de caracteres o el uso de celulares  para publicar, dificulta una correcta escritura (Smartphones para smartpeople).

El problema no es la incomodidad que genera ver e intentar entender estados o SMS escritos de esta manera, la preocupación radica en que este tipo de escritura, cada vez más subjetiva, está inundando no solo las redes sociales sino las universidades, está transformando la manera de escribir de los jóvenes estudiantes y por lo tanto: futuros profesionales.

La ortografía debe ser una competencia básica de todo aquel que desee comunicarse, escribir (así sea únicamente un estado en Facebook) y pretenda ser entendido.

La facultad de escribir bien no es una habilidad exclusiva de los estudiantes de comunicación social y periodismo; el profesional de cualquier carrera debería sentirse responsable del conocimiento de las reglas que rigen su lengua. Es común ver como los estudiantes se preocupan más por aprender un segundo idioma cuando no han adquirido las competencias necesarias en su lengua nativa.

En la columna del periódico español el país: “El que escriba ‘habrir’ no debería graduarse”, escrita por Elisa Silió y publicada el 16 de febrero de 2013; se puede analizar cómo, en el mundo, se observa un deterioro en la lectoescritura de la población en edad universitaria. Esto se debe mayoritariamente a la proliferación de las redes sociales, la escritura abreviada en SMS y los bajos índices en los hábitos de lectura.

En este artículo se recopilan las apreciaciones de varias eminencias, quienes concluyen que el idioma español está sufriendo un deterioro. José Manuel Sánchez Ron, físicohistoriador de la ciencia y académico de la Real Academia Española de la Lengua, aporta: “Es la manifestación de un movimiento posmoderno. La ortografía no es un juicio relativo, es una ley absoluta”.

Para un ingeniero debe ser tan importante el uso de la matemática como de la gramática en su carrera, ya que las dos pertenecen a un lenguaje que deberá adaptar para desempeñarse en el ámbito social y laboral, y ni que decir de los estudiantes de humanidades o un comunicador social, quienes tienen como herramienta principal la palabra.

Como estudiantes debemos dejar las excusas para evitar bajas en nuestras calificaciones por mala ortografía pero, más allá de eso, entender que hacemos parte de una cultura con un idioma en común que tiene unas reglas que no pueden ser violadas.

En enero del presente año, el 60% de estudiantes en edad escolar tuvieron un bajo desempeño en comprensión lectora, el estudio internacional de competencia lectora ubicó a Colombia en el grupo de más bajo desempeño. Esto se traduce en más de la mitad de futuros estudiantes universitarios que llegarán con grandes falencias en interpretación de textos.

Paradójicamente por ser esta una generación más digital tenemos mayor facilidad de acceso a diferentes herramientas que podrían nutrir nuestro léxico; la Real Academia de la lengua española en su portal web www.rae.es puede resolver muchas de nuestras dudas pero, al parecer, no estamos haciendo un uso apropiado de la tecnología  para nuestro aprendizaje.

En internet es tan común ver tantas faltas de ortografía que alguien puede encontrar fácilmente una palabra mal escrita y creer que esa es su escritura correcta, al no tener hábitos de lectura adecuados seguramente llegará a la universidad con el error y confundirá el “hay” con el “ahí”.

La ortografía no debe ser una cualidad excepcional de los intelectuales y mucho menos ser exigida únicamente en las facultades de comunicación, el uso correcto de nuestro idioma debe ser tan importante para cada uno de nosotros como los modales respetuosos, bien lo dijo el bloguero de El Tiempo Edgar Leonardo Medina en su entrada “La buena ortografía NO es sexy”: “la ortografía es, o debería considerársela, tan básica para la convivencia como bañarse, no algo excepcional.”