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Antonia.


Antonia era amable con todos, demasiado a decir verdad,
De esto se aprovechaban y la molestaban sin parar,
Ella solo se sonrojaba y les sonreía de par en par
Pero en el fondo tenía una pena, ¡pena que nadie podía aliviar!

Todo comenzó a la edad de 10 años
Cuando un día sin querer,
Descubrió la crueldad de los niños:
¡Toña es fea y flacuchenta como un alfiler!

¡Que frase tan inocente! cualquiera podría pensar,
Es difícil imaginarse en los zapatos de Toña estar.
Esa simple frase, jamás de su cabeza sacó,
Se volvió solitaria y triste ¡su vida empeoró!

En su casa le enseñaron a no responder ni confrontar,
¡Que error el de los padres! hay que enseñar también a hablar.
Si ese día se hubiese defendido, digo yo, quizás,
Hoy toña no nos hubiera dejado, con tantas ganas de llorar.

Un golpe no era necesario, ni gritar y sollozar,
Pero la autoestima es algo, algo que se debe cuidar.
Antonia merecía su dignidad con argumentos defender,
A uno le deben decir los padres que se tiene que querer.

La profesora tampoco ayudó,
Miró feo al niño y la clase continuó.
¿Era mucho pedir una enseñanza aportar?,
¡Enseñarle al niño que a los demás se les debe respetar!

El niño es despiadado, para críticas lanzar
Pero es más miserable en la adolescencia
¡Sus burlas no le interesa callar!

Antonia parecía tener mucha paciencia,
Pero en realidad, solo quería cortar sus venas.

Cuando tomó la decisión,
No pensó en amigos ni familia.
Solo en lo flaca, fea y sola
Y como el mundo entero se reía.

Se encerró en el baño, un tenedor utilizó
Y sin importarle nada, sus venas destrozó.

Que tristes se sentían sus compañeros,
Al pensar en este trágico final,
Por sus burlas y malos tratos
Antonia prefirió irse a descansar.

Después de tanto llanto, una pregunta suele quedar:
En este caso sería:
¿Qué hubiera pasado si a la profesora a tiempo, se le hubiera ocurrido mediar?

***

Antonia II

Antonia era amable con todos, lo necesario a decir verdad,
Tenía amistades en todo lado, las que podía tolerar.
Pero amigos más bien pocos, la vida le había enseñado a desconfiar.

Antonia era inteligente de una astucia tenaz,
Tenía una alta autoestima, de sentirse desdichada no sería capaz
Aunque viendo su delgada figura uno pueda desconfiar.

Todo comenzó a la edad de 10 años
Cuando un día sin querer,
Descubrió la crueldad de los niños:
¡Toña es fea y flacuchenta como un alfiler!

¡Te habrás mirado en un espejo! Toña enfadada respondió.
Intervino la maestra y la pelea terminó.

Tanto Toña como el niño escucharon con atención,
Cuando la maestra con paciencia les dió una lección:
¡No se juzga por la apariencia física, a respetar niño tienes que aprender!
Y tu Toña, aunque sea difícil, más paciencia y tolerancia debes tener.

Antonia aunque dolida la lección entendió
Y el niño regañado una disculpa le pidió.

En su casa le enseñaron a responder y confrontar,
Pero además de todo la habían siempre obligado a respetar.
La profesora citó a los padres de los dos niños
Quienes estuvieron de acuerdo en discutir con ellos lo sucedido.

A Antonia en su casa ya le habían enseñado:
No todas las bellezas son de general agrado.
Que si en la vida éxito quería tener
La inteligencia por encima de la belleza tenía que escoger.

Al niño sus padres lo reprendieron por su cruel imprudencia
Él entendió entonces lo que podía producir su irreverencia.

Al Toña quererse, saberse defender,
Y la profesora lograr entre los dos niños conciliar.
No hubo una vida adolescente que perder,
Y no tuvimos un suicidio que llorar.