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La historia del mal vecino.

¡Ayer la vecina me botó agua por la ventana!
La muy desgraciada no sabe: ¡yo en mi casa hago lo que me da la gana!

Había bajado ya unas cuantas veces
A decir que no quería más bulla,
Le habría hecho caso con gusto hace meses,
Pero ahora que se aguante esa puta.

Eran tan solo las cuatro de la mañana, y la fiesta empezaba
Porque yo con mis amigos, mi cumpleaños festejaba.
El equipo a todo volumen pero, a ella ¿qué le importa?
Si a esa hora ni siquiera, se había repartido la torta.

Decidió entonces obligarnos a obedecer,
Y con agua helada nos puso a padecer.
Subí corriendo la escalera para reprocharle este acto;
Me recibió con una muenda, que terminé con un puñetazo.

En enero un malentendido nos había hecho ya enemigos,
Ni el cura de la parroquia ha logrado otra vez en paz unirnos.
Ella decía que yo tocaba a su puerta y como niño salía a correr,
Yo le respondí que pruebas de eso tenía que tener.

Nos citaron a ambos por el pleito de ese día;
Tal seria el escándalo que acabamos en una comisaría.
Intenté calmarme entonces y soltarla del pelo,
No sin antes decirle que me debía respeto.

La jurisprudencia nos ordenó llevárnosla mejor,
Pero a nosotros solo nos separa un boxeador.
Dicen que a las mujeres no se les debe pegar,
Pero es que esa marimacha es difícil por las buenas alejar.

Hoy el cura de la parroquia otra vez me vino a buscar,
Me regañó por imprudente y se ofreció para mediar.
No sé qué pudiera hacer el padre para esta situación arreglar
Pero después de tanta pelea es justo negociar.

Me tocó pagar unos vidrios rotos y prometer respetar,
Además de la violencia de género con todas mis fuerzas ahora rechazar.
Nadie se puso en mis zapatos, no le dijeron a ella
Que tampoco me pegara, o que al menos dejara de hacer pesas.


***


La historia del mal vecino II.

¡Ayer con la vecina tiramos la casa por la ventana!
El motivo de la celebración: un descubrimiento que nos dio mucha gracia.

En enero un malentendido nos había hecho enemigos,
Pero el cura de la parroquia había logrado otra vez en paz unirnos.
Ella decía que yo tocaba a su puerta y como niño salía a correr,
Yo le respondí que pruebas de eso tenía que tener.

El padre nos invitó a cada uno contar nuestra historia
Se me dificultó un poco, yo de esos hechos no tenía memoria.
La vecina inició con su relato
Yo atento escuché para ver si recordaba algún dato.

Terminada su versión, me remití a la hora y el día,
Yo andaba trabajando y tenía testigos.
Dedujo el padre entonces que yo era inocente de tal niñería
Y la vecina y yo volvimos a ser amigos.

No hubo necesidad de jurisprudencia
Ni más mediación que la del cura,
Para comprobar mi inocencia
Y acabar con aquella locura.

Una tarde de casualidad la vecina descubrió,
Que era miguelito el del otro edificio el que en su puerta tocó.
Nos dio tanta alegría resolver aquel misterio,
Que volvimos una fiesta tal acontecimiento.

Invitamos al padre que nos pudo reconciliar,
Pero no se quedó mucho
En esas fiestas tan libertinas no le gusta participar.

Hasta la novia de mi vecina vino a festejar
Y yo a las dos con envidia las observaba sin parar,
¡Que pareja tan bonita!, eso no se puede negar.