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Esta fue la pregunta que se nos hizo a los estudiantes de segundo semestre de Comunicación Social y Periodismo. El profesor Santiago Torres, después de mostrarnos la historia de Radio Favela, nos pidió que hiciéramos esta reflexión enfocándonos en cómo queríamos generar desarrollo en nuestras comunidades.

Aquí está mi respuesta:


Desde el momento de la formulación de la pregunta me sentí confundida, incluso amedrentada, no tenía idea, no había pensado hasta ese momento lo difícil que resultaría escribir sobre mis sueños y si estos influirían positivamente en otras personas.


Al ver la película Radio Favela y después de confrontar mis propias expectativas sobre lo que podía aportar a una comunidad, empecé a recordar mi historia: mi niñez, adolescencia, mayoría de edad y la decisión de vivir en Bogotá lejos de mi familia y amigos; llegué a la conclusión que nunca he sabido exactamente a donde quiero llegar. De repente recordé a un hombre, alguien que con sus palabras me hizo sentir tan avergonzada de mis debilidades que me había dado fortaleza para tomar ciertas decisiones: Steve Jobs y su discurso del 12 de Junio de 2005 en la ceremonia de graduación de la Universidad de Stanford:

“Tienen que confiar en que los puntos de  alguna manera se conectarán en su futuro. Tienen que confiar en algo – su instinto, su destino, su vida, su karma, lo que sea. Ésta perspectiva nunca me ha decepcionado, y ha hecho la diferencia en mi vida”.

Solo tengo ideas vagas en mi cabeza de lo que siempre he soñado ser; mi padre, desde que yo era muy pequeña hasta hace unos pocos días me repetía que debía ser abogada, que tenía gran potencial para ser una excelente penalista; él daba como argumento mi interés constante por hacerle explicar todos y cada uno de sus regaños y órdenes; yo hacía preguntas sobre todo, y opinaba sobre todo, constantemente hablaba de derechos aunque no supiera mucho sobre estos y me conmovía todo lo que me rodeaba.

Los cuadernos de la escuela pocas veces los utilizaba para lo que debía. Mi primer cuento “la historia de Sasha” lo escribí a los doce años, trataba sobre una perrita que tuvo una aventura en la perrera y allí había conocido a su mejor amigo, un veterinario que la había salvado de un incendio. No sé por qué pero, todo el tiempo escribía, tan patéticamente como Coelho pero escribía.

Las artes y el deporte estuvieron muy ligados a mis intereses; la matemática y todo lo que tuviera que ver con números me fastidiaba y me fastidia: cálculo, química, física, trigonometría, contabilidad, estadística, fechas, direcciones, números de teléfonos, uno más uno son dos etc. Me resultan difíciles de retener en la memoria por esto nunca fui una alumna destacada en las materias de éste tipo.

En mi adolescencia estudié en un colegio público en la ciudad de Manizales, Caldas: Instituto Tecnológico Superior de Caldas (ITEC) y vivía en un barrio de estrato alto, esto me trajo algunos inconvenientes pero muchas enseñanzas. Aprendí a convivir con todo tipo de personas y comprendí que las exclusiones se dan en todas las esferas. En el colegio se me dificultaban las relaciones por pertenecer a un barrio “estrato seis” y en mi barrio no me aceptaban fácilmente por estudiar en un colegio público.

Siempre he tenido un interés particular por el mundo que me rodea, una curiosidad constante del porqué de algunas problemáticas como la discriminación entre clases, la vulneración de los derechos de las personas, el poco interés del ciudadano por sus representantes en el gobierno, entre otras.

Desde muy joven me encantaba sentarme con mi familia en los domingos de: “almuerzo donde la abuela” para discutir sobre política, religión y cualquier tema que viniera a colación. Ésta es muy numerosa y con ideologías muy diversas lo que generaba siempre una polémica.

Empecé a disfrutar el estar enterada de lo que pasaba a mi alrededor y no tardé mucho en decidir que quería ser periodista, desde noveno de bachillerato les planteé a mis padres mi posición de estudiar comunicación social y periodismo; mi papá no estuvo de acuerdo con la decisión.

Tiempo después, con muchas dificultades gracias a mis problemas de disciplina, una pelea con una profesora de religión y varias anotaciones por bloqueos a la puerta del colegio (para participar en las protestas, en contra del gobierno del ex presidente Álvaro Uribe Vélez y su injusto recorte a las transferencias hacia la educación y el saneamiento básico) logré graduarme a los diez y seis años como Bachiller técnica en sistemas y programación, sin honores, pero si con un excelente ICFES que me alcanzaba para estudiar Derecho en la Universidad de Caldas, situación que ponía más que feliz a mi papá.

En mi mente y corazón tenía el deseo de estudiar Ciencias políticas y relaciones internacionales o Comunicación Social y Periodismo. En Manizales ninguna de estas dos carreras se encontraba en una universidad pública y eran de un costo muy alto; la lógica de mi papá y mi padrino (juez) era: ciencias políticas es una materia del Derecho y Derecho está en la universidad de Caldas, ésta siendo pública y con un excelente reconocimiento era la mejor opción; para ellos, mas no para mí.

Mi mamá se percató que me demoré seis meses haciendo el papeleo en la universidad, solo hasta el último día programé la ida a legalizar el formulario; ella conoce mi intensidad y sabía perfectamente que si tuviera las ganas lo hubiera hecho desde el primer día de inscripciones.

Gracias a la pronta intervención de mi mamá, después de una fuerte discusión con mi papá y ya con diez y siete años, entré a estudiar Comunicación Social y Periodismo a la Universidad de Manizáles.

Se disiparon todas mis dudas, desde las primeras clases supe que ésta era mi carrera, no había ni una sola materia que no capturara toda mi atención e interés pero lamentablemente ese no era el momento para continuar mis estudios y ahora entiendo el porqué.

Terminé el primer semestre con un excelente promedio, cumplí diez y ocho años y con cédula en mano y ninguna oportunidad en Manizáles, además de hacerle caso a mi papá y estudiar derecho, tomé la decisión de venirme a vivir a Bogotá, lo que me ha traído miles de experiencias.

Pasé por una academia de artes y allí solo podía analizar el entorno pero no me sentía parte de él, la materia en la que mejor me iba era: Comunicación escrita, donde con un gusto infinito escribía sobre mis compañeros y sus extrañas y fascinantes formas de interactuar.

Poco a poco redescubrí que tengo una necesidad de observar y plasmar lo que veo, que no pertenezco a ningún otro mundo diferente al del periodista, al del comunicador que por medio de la palabra plasma lo que todos ven pero pocos saben expresar.

La mayoría de los medios y lamentablemente muchos de nuestros colegas solo se encargan de informar, de mantener al ciudadano al tanto de los hechos que ocurren, pero no contextualizan a las personas ni se preocupan por generar una opinión, una crítica y un cambio.

No sé exactamente qué es lo que quiero cambiar de éste país y mucho menos en el mundo pero, si en algo puedo aportar lo haré desde los medios escritos que son los que me apasionan.

Cada una de las experiencias que he vivido me llevan ahora a no conformarme con menos que la excelencia, tuve que pasar por muchas cosas para volver a una universidad, ahora entiendo y espero que ésta vez sí pueda continuar con mi carrera.

Mi padre fue maestro de primeras letras y escucharlo hablar sobre el orgullo y la satisfacción que trae consigo el educar, me ha dado la seguridad de que, además de ser periodista en medios escritos y/o escritora, deseo tener la oportunidad de dictar materias a futuros periodistas e incentivar en ellos una correcta visión de ésta carrera. 

A la comunidad se le puede aportar desde cualquier profesión siempre y cuando se tenga la convicción de ser el mejor profesional.

Éste país necesita medios más comprometidos con el desarrollo y que generen más opinión, no periodistas al servicio de un sistema, alimentando ideologías impuestas,  disfrazando productos publicitarios como medios informativos.

Jorge, en la película Radio Favela dijo que utilizaría la antena como una “Ametralladora para disparar palabras al sistema” ésta frase me llamó la atención y se acerca un poco a lo que quiero hacer como comunicadora: por medio de mis artículos, crónicas, noticias, libros, etc.  Voy a disparar conocimiento, crítica, opinión y reflexión.

Antes de pertenecer a esta universidad me sentía en el lugar correcto pero realizando las actividades equivocadas, un día decidí retomar mi lucha y volver a la universidad a buscar una meta que es por la que me levanto día tras día.

Algún día todos estos puntos se conectarán y entenderé cuál fue  la misión que vine a cumplir en este mundo.
Todos los días me levanto con la convicción de estar en el camino correcto.

Por ahora recuerdo una última frase de Jobs que tengo en cuenta día a día, ésta me llevó a tomar la decisión de salir de mi zona de confort y la tendré en cuenta siempre que salga a ejercer ésta profesión: 

“Si hoy fuera el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que estoy a punto de hacer hoy? Y cada vez que la respuesta ha sido ‘No’ por varios días seguidos, sé que necesito cambiar algo».